viernes, 22 de abril de 2011

TRASFONDO DE LA BANDA DE HOMBRES BESTIA “OTIER-NUEROG” (PRIMEROS DOS CAPÍTULOS)

Kargorgena gorg-die!
- Nagaroah, vamos, es hora de seguir practicando. Hoy con flechas de penacho rojo.
- Hermano, no quiero seguir tirando con arco. (Las manos me sangran)- se dijo para sí al mirarse las yagas en las manos.- me duele mucho, hermano
- No tienes elección. Nadie de nuestro pueblo tiene elección…es la época del miedo y el miedo es el caldo de cultivo de todo lo que atenta contra la naturaleza…hoy nos rodea, nos vigila, no quiere comer. No hay árbol donde esconderte.
- Hermano…
- Tensa bien la cuerda…debes sentir dolor en los dedos, sólo así atravesarás con fuerza al invasor. Ténsala bien, Nagaroah
- Hermano, por qué nos invaden…cada uno tenemos lo nuestro…nosotros nuestros bosques…ellos hogares de piedra, altas torres, otros viven en los desiertos, selvas…- tengo mucho dolor, ¿podemos dejarlo por hoy?
- No!!…Nagaroah, recuerda que siempre habrá quienes quieran traer sus hogares de piedra, sus desiertos, sus torres, sus selvas…allá donde vives y obligarte a vivir en ellas….Más tensa!!
- Hermano, …. se me han caído los dedos- se decía mirándose la mano mutilada- me duele mucho, hermano.
- Te lo dije!!!: es el miedo. Él te hace débil…y te comerá
- Hermano…¿por qué el cielo está verde?
Mi primer recuerdo fue un terrible dolor. Apenas podía respirar y veía con dificultad. Me encontraba tumbado de lado en el claro de un bosque maniatado de pies y manos. Respirar era un tormento y mis recuerdos se hundían en una neblina de dolor. Al girarme para ponerme de espaldas advertí la flecha clavada en mi pecho. (hermano…)
No sé cuánto tiempo estuve inconsciente. … quizá días…pero en ese transcurso de tiempo se amontonan en mi cabeza imágenes que me cuesta ordenar. En todas ellas aparecía esa criatura, esos ojos blancos que me observaban con interés macabro tras la máscara alargada y desfigurada de lo que parecía un pájaro. Kargorgena gorg-die!.- murmuraba. Recuerdo las calaveras infantiles, entrechocando quedamente entre sí junto a las sienes de mi acompañante, y un colgante de piedra verde entre plumas y harapos. Una y otra vez mi hermano se aparecía ante mí pidiéndome que me levantara y tensara la cuerda.
- hermano, estoy herido
- levántate… No tengas más miedo y coge el arco. El cielo no es verde!!
- ¿y qué hago con la flecha clavada?
- Kargorgena gorg-die!- dijo arrancando la flecha
El dolor me embargaba hasta en la inconsciencia y aquella máscara que me aterraba volvía una y otra vez en mis delirios, murmurando roncas palabras que no lograba traducir. Hurgaba en mi herida y entre acto y acto de inconsciencia volvía la máscara. Kargogena gorg-die!- rugía, desde lo profundo, la máscara con ojos blancos. Esa voz era tan terrible que sentía la herida palpitar de dolor con cada palabra que pronunciaba. Sus manos peludas iban y venían entre pasadas a la máscara y pasadas a mi herida aplicándome algo que olía a podredumbre. Untuarg en-e ral, elg!- (Yo te lo regalo, elfo!)- dijo la máscara de ojos blancos. Una y otra vez caía en sueños en los que me aterrorizaba aquella máscara persiguiéndome donde sólo el cielo verde me hacía diferenciar el sueño de la realidad.
Volví a despertarme y esta vez lo hacía para comprender la pesadilla en la que estaba metido. De mi pecho ya no asomaba ninguna flecha y la herida, que aparecía cicatrizada, se mostraba rodeada de livideces azuladas. Todavía la sentía latir con un dolor sordo. Ya no estábamos en el claro que recordaba…aquel bosque me era desconocido. Nos hemos estado moviendo y parece que rápido. Todavía maniatado, advertí, al girarme sobre el costado, que me encontraba capturado por una tribu Gildorf, una tribu de hombres astados u hombres bestia, como dirían en lengua común. La visión de un grupo de aquellas criaturas danzando entorno a un tótem de formas indeterminadas pero en el que se podía identificar el pico de un pájaro, me recordó a la máscara de ojos blancos y los dolores de mi herida se redoblaron. Los gildorf danzaban rodeando el símbolo con gruñidos a modo de cánticos y alzaban alternativamente un brazo y otro al aire con movimientos pendulares de sus cabezas caprinas. Un mid-gildorf o ungor con una enorme cicatriz que le surcaba el rostro y que contemplaba sentado en cuclillas a sus compañeros de danza mientras afilaba una daga, se dio cuenta de que había despertado y se acercó rápidamente con un trote desgarbado agarrándome del cuello y restregándome su aliento mientras me olisqueaba la herida. Con un grito y dejándome caer como a un tronco muerto, se alejó de mi atropellándose entre palabras ininteligibles pero de las que logré entender “ elfo despierta” “elfo abre ojos y no cierra”. Lo vi alejarse al trote mientras los otros continuaban con su letanía y bailes trotones por momentos revigorizados. Instantes después apareció mi centinela acompañado de un enorme hombre bestia cubierto de jirones de cuero por todo el cuerpo atados a modo de peto. Aquel mastodonte se me acercó y al olerme la herida me dirigió una mirada nerviosa. Su voz ronca no era cordial y me costaba entender con exactitud lo que decía. Las manadas de gildorf no destacan por hablar bien, ni si quiera su propia lengua. Ésa es una de las cosas que debemos saber al aprender su lengua, para cuando los acechamos podamos comprender sus planes.
- Dime tu nombre, elfo?- me preguntó la bestia en su idioma tras decirle algo a mi centinela, que aguardaba mirando de soslayo tras mi interrogador.
- Nagaroah- tartamudeé
El sabor metálico de la sangre se mezclaba con una saliva pastosa que descubrí al hablar.
- Tu vida ahora es buena. La “pasta” de uturungu duele, pero Tenz (Tzeenth, -pensé) cura. Mejor dolor, elfo.- Se carcajeaba mirando al centinela que al mismo tiempo reía jadeando y rascándose la cicatriz de la cara.
- ¿Dónde estamos?...este no es el bosque donde os emboscamos
- No preguntas. Tu vida ahora mía y de nosotros.
Intenté recordar el momento en el que nos acercamos en círculo desde las copas de los árboles y desde tierra…siempre sigilosos, siempre atentos. Con el arco tenso, recordaba a mi hermano hacer señales a los del frente. Recuerdo sentir que algo no iba bien porque varios gildorf miraban alrededor con suspicacia….Parece que hace siglos de aquello….Algo no fue bien….algo o alguien estropeó la caza.
Miré a mi interrogador perdido en mis recuerdos.- Tengo sed.- Fue todo lo que logré decir, desviando mi mirada hacia el círculo danzarín de bestias que ahora escupían al suelo.
Éste me tendió un cuenco con agua con un golpe hacia la boca desparramando la mayor parte del agua mientras se dirigía de nuevo hacia el ungor, sin apartar la vista de mi.
- Ve a uturungu decir que elfo despierta (ha llamado al chamán de la tribu. Raras veces sale el chamán de su tienda si no es para ceremoniales o para incursiones asesinas)
Aquél salió trotando atravesando el círculo de cabras ensimismadas en su ritual en torno al tótem desfigurado…(¿Tzeenth?, quizás…o puede que simplemente se trate de la imagen, mal tallada, de algún antepasado de la tribu). Las tribus gildorf son, por lo general, adoradores del Panteón del Caos, pero son eclécticos en su devoción y ritos, diferenciándose así de las tribus bárbaras del lejano Norte que celebran liturgias antiguas. Es un pueblo salvaje de mezcladas tradiciones, cogen costumbres de la gente con la que tratan ya sean miembros de otras tribus gildorf, norses, enanos o incluso de nuestro propio pueblo como cuando entierran a sus muertos entre las raíces de los árboles. La influencia del Norte los determina a adorar a los 4 dioses oscuros; pero al mismo tiempo temen a sus muertos; creen en los poderes de sus antepasados como entidades independientes de los dioses oscuros a la vez que temen que éstos se enfurezcan con ellos si siguen los designios de los muertos en vez de los suyos. Estas creencias encontradas se mantienen en continuo equilibrio mediante ceremonias, objetos arcanos, manías, formas de actuar…cualquier cosa que reconcilie las posturas de dioses y antepasados, lo que los convierte en un pueblo terriblemente supersticioso y muy confiados en los augurios de su chamán que, por encima del líder, es el que mantiene unida a la manada allá donde vayan.
Los cánticos de las bestias danzantes me retumbaban en la cabeza y la herida me dolía más que hace un momento (nosotros tomaríamos hierbas calmantes del dolor). Sólo pasé unos momentos con la bestia que me interrogaba, cuando vi salir de una tienda al ungor de la cara marcada acompañando a dos hombres bestia uno de los cuales era incluso más grande que el que tenía enfrente, ataviado de la misma forma que el resto. El otro, iba envuelto con cueros y una capa de plumas….pero eran aquellas calaveras infantiles alrededor de su cabeza y el colgante con una piedra verde, las que me hicieron comprender que aquel era el chamán que iba y venía en mi inconsciencia, ése era la máscara de ojos blancos. Tanto el chamán como su enorme acompañante se sentaron en cuclillas frente a mí.
- Levántate, elfo- dijo el éste, ante la mirada interesada del chamán, al tiempo que me agarraba y me sentaba apoyándome a un árbol. Con el movimiento empecé a sentir de nuevo latidos de dolor.
Ahora el chamán ejecutaba unos gestos observándome con aquellos ojos (no son blancos, sino negros) tras las telas que le cubrían la cabeza.
- Chamán dice- prosiguió- ­que gracias a los dioses del caos y a los generosos espíritus de nuestros antepasados has burlado a la muerte…debes estarles agradecido.
(Éste es el líder de la manada. Ellos suelen hablar mejor que el resto de secuaces y son más sabios, si exceptuamos a los chamanes)
- Preferiría estar pudriéndome a haberme dejado tocar por vuestras asquerosas manos…
- Chamán dice- siguió, cortando el formal discurso que me enseñaron por si era capturado- que no importa lo que tú pienses, ahora tienes suerte porque vas a pertenecer al caos.
El chamán acabó sus gestos en una enorme sonrisa.
- Yo no voy a formar parte de vosotros cabras de mierda!!- dije gritando hacia el chamán perdiendo cualquier forma.- ¿Me oyes mofeta de mierda?. ¿Por qué no me hablas, cabra!
- El chamán, no puede hablar. Los oscuros pidieron su voz a cambio de poder
En ese momento advertí que del cuello del chamán colgaba un trozo informe que enseguida identifiqué como una lengua.
- …recuerdo claramente cómo hablaba cuando me curaba.- Contesté.
El chamán se sonrió de nuevo con ese gesto torcido que creía sonrisa y se acercó más a mí con gestos que no entendía.
- El chamán dice- que ahora ya sabes que los Oscuros tienen poder de dar y de quitar. Al él le quietaron la voz pero a cambio los oscuros hablan a través de él en sus sortilegios para que sean más poderosos.
- ¿Qué queréis de mi?...¿un intercambio por alguno de los vuestros?…sabed que nosotros no cogemos cautivos…los matamos!!.- Cambié de discurso, fingiendo no estar sorprendido.
- No, nosotros matamos a los tuyos. Estás aquí porque los oscuros quieren que seas el receptor de mutaciones que el chamán no logra controlar…Bien visto, es un regalo que los Oscuros te hacen siempre que los espíritus no se interpongan.
- No voy a formar parte de vosotros malditos cabrajos hijos de perra!!!...soltadme, de una vez!!!...
- Claro que no- siguió el traductor- eres sólo un experimento. Las mutaciones son regalos de los oscuros pero a veces los espíritus interceden y no permiten que la mutación sea buena…pero contigo podemos hacer pruebas hasta saber qué quieren los espíritus y poder pedirle a los dioses que nos bendigan con carne nueva en nuestras cicatrices. ¿Entiendes, elfo, que eres sólo nuestro experimento?
- Soltadme-dije sin la convicción que oculta el miedo.
- …Por lo tanto- siguió como si no me oyera- eres mío, del chamán y de nosotros. Esta es mi tribu, la de los Otier-nuerog (literalmente, “Cabezas Giratorias”) y vas sufrir los dones de los oscuros.
En ese momento miré al chamán que seguía con aquel gesto torcido que desapareció al instante cuando pegué un grito. Las cabras danzantes vibraban ahora entre espasmos de sus cuerpos. Miré hacia la herida, que me ardía y contemplé aterrorizado cómo latía y se levantaba la piel como si algo la empujara desde dentro. Las cánticos de las cabras se tornaron casi en gritos de locura. Con un sonido viscoso una especie de tentáculo acabado en pinzas rompió la piel por la herida quedando colgado de mi cuerpo con movimientos espasmódicos abriendo y cerrando las pinzas como el pico de una ave cuando está agonizando. El dolor que sentía era atroz pero no era mío sólo sino también de la mutación, que ahora formaba parte de mi. El dolor era insoportable.
Kargorgena gorg-die!. – escuché a lo lejos mientras me desmayaba.
- Nagaroah, acércate a ese árbol y da la señal cuando te lo ordene
- Hermano, creo que pasa algo extraño. Los gildorf parecen estar olisqueándonos
- Llevamos puestos los ungüentos que inhiben el olor
- …creo que no somos los únicos por aquí cerca
Un sonido metálico rompió el silencio del bosque previniendo a los gildorf que se armaron rápidamente poniéndose en guardia ante nuestro ataque precipitado
- ¿Qué son esos ruidos atronadores? (han caído varios gildorf y no por nuestras flechas)
….
- Suéltame bestia!! (me han cogido)
- Lo siento, Nagaroah
- Hermano, no te vayas
…. (una flecha de penacho rojo)
Huesos
Desperté de nuevo con aquello balanceándose en mi pecho. El dolor ya no era tan intenso pero esa cosa parecía sufrir. Entre el asco que me producía me sorprendía sentir cierto sentimiento de pena. Aquella no se trataba de la mutación poderosa que buscan estas bestias. Están experimentando en mi cuerpo y la primera ha resultado ser débil. Mirando a mi alrededor vi que me encontraba en una tienda típica gildorf con sus cueros colgando del techo y paredes, calaveras de enemigos por el suelo tiradas y todo iluminado por ráfagas de luz azul provenientes de un fuego del exterior que podía ver a pocos metros a través de la puerta abierta. Allí pude contemplar cómo el chamán echaba algo sobre las llamas y estas se volvían azuladas. Un buen número de hombres bestia rodeaban el fuego y junto al chamán estaba el traductor de gestos que me confirmé a mi mismo como el líder al contemplar su posición en el círculo junto al chamán. Estaban dispuestos para un ceremonial de huesos que llevan a cabo cuando quieren tomar alguna decisión que no ven clara. Los gildorf, sentados en cuclillas, rodeaban al líder y al chamán. Detrás de los gildorf se encontraban en otro anillo los mid-gildorf. El líder, en cuclillas, estaba ataviado con varios colgajos como patas de conejo y símbolos del caos y permanecía con un brazo doblado por el codo hacia abajo, en un ángulo recto y el otro en la misma posición pero hacia arriba, sosteniendo una máscara de madera con la forma de un pájaro (la máscara). Tenía los ojos cerrados al igual que el chamán que giraba la cabeza lentamente. Se sacó el chamán de debajo de los ropajes un conejo al que agarró por la orejas mientras el pobre animal se debatía entre gritos. En ese momento los círculos de bestias comenzaron a ejecutar cánticos ceremoniales y a agitar las cabezas en círculos. Un cuchillo afilado abrió en canal al animal. Con el conejo todavía agonizante el chamán prosiguió con la liturgia removiendo con los dedos las tripas del pobre animal y escupiendo en ellas. Observaba con detenimiento las entrañas y comenzó a agitar una bolsa con las manos ensangrentadas. De la bolsa salió un montón de huesos que cayeron sobre los intestinos del conejo. En ese instante el jefe de la manada comenzó a hacer preguntas. No logré traducir muy bien todo lo que se decía pero entendí qué hacían: el líder interroga delante de la tribu hacia dónde deben dirigirse ahora…parece que han surgido problemas inesperados y desconocidos…. Alguien los persigue sin tregua y les está impidiendo dirigirse hacia sus bosques.
- Oh, huesos!, ¿quién nos persigue a mí y a nosotros?- dijo echándose mano a uno de los colgantes mientras hacía 3 reverencias con la cabeza
A la pregunta le siguió una suerte de gestos del chamán que parecía cada vez más agitado girando ahora el cuerpo en círculos. El resto de la tribu imitaba sus los gestos y estornudaban hacia el suelo levantando ligeramente polvo
- Ercog nid korrrompu…- (hombres del frío)
- Oh, huesos!, ¿Quiénes son los hombres del frío?- preguntó el líder mientras el chamán seguía con sus movimientos cada vez más agitados y sin ritmo
- Ellos- prosiguió el jefe- nos persiguen a mí y a nosotros en venganza por lo que hicimos yo y nosotros en su poblado. No nos darán respiro a mí ni a nosotros hasta cazarnos. La venganza de los hombres del frío
- Oh, huesos!, ¿De dónde vienen esos hombres del frío?
Un solo movimiento dio a entender una palabra al jefe de la manada
- Kislev!
Ahora comprendo….esos hombres del frío, de los que habla son los que estropearon nuestra emboscada haciendo ruidos y disparando con armas de fuego a los gildorf, lo que anuló nuestro ataque viéndonos en medio de una refriega. A mí me capturaron y varios hombres bestia cayeron en el combate pero la tribu logró huir conmigo como prisionero. Ante la visión de mí siendo arrastrado por los gildorf mi hermano disparó una flecha que impidiera que me cautivaran y me torturaran (así es como nos enseñaron). Nunca lo vi fallar un disparo pero aquél se le fue por centímetros de ser mortal de necesidad, incluso con flechas de penacho rojo.
El resto del cabras se miraban los unos a los otros como no comprendiendo muy bien quiénes eran aquellos hombres del frío. Los gildorf son sumamente salvajes y matan a todo bicho viviente sin diferenciar un ciervo, de un elfo o de un humano, por lo que en sus recuerdos de masacres no logran identificar a sus perseguidores.
- Son hombres. Vienen de una ciudad muy alejada de estas tierras. Son los señores de Kislev…ellos nos persiguen a mí y a nosotros con sus palos de fuego (pistolas, pensé)y con osos amaestrados en la batalla.
- Oh, huesos!, ¿Hacia dónde debemos dirigirnos para enfrentar a los hombres del frío?- preguntó de nuevo el jefe
El chamán empezaba a moverse compulsivamente y los ojos se le tornaron blancos. La piedra verde de su colgante comenzó a brillar con verdor intenso y una atronadora voz salió del chamán
- Mordheim!!!!
Segundos después el cielo se tornó, en un estallido, verde durante algunos segundos

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